Aunque erradicada en nuestro país desde el año 1966, los casos de rabia pueden producirse de forma puntual por el contacto con animales silvestres como zorros, mapaches o murciélagos.

Esta enfermedad es altamente contagiosa entre los mamíferos y mortal, siendo los perros sus principales portadores. Si deseas ahondar en las claves de sus síntomas y en las formas de prevención, sigue leyendo.

Una patología en 3 fases

El término rabia procede del latín “rabidus” que significa “delirante” o “furioso” en clara alusión al síntoma más identificativo de esta enfermedad que décadas atrás ha provocado la muerte de cientos de canes, y también de humanos.

¿Sabes que ha estado o está presente en la totalidad de la Tierra a excepción de Reino Unido, Australia y la Antártida?

El virus de la familia Rhabdoviridae es el responsable de la afectación, por este orden, de las células musculares, de las neuronas y de los ganglios, para llegar en una última fase al daño en el sistema nervioso central y en el cerebro, causantes de los cambios de comportamiento que implican la puerta de entrada a la inminente muerte del perro.

Como ves, se trata de una afección con un mal pronóstico, dado que no dispone de tratamiento específico para su cura. Por tanto, si percibes alguna mordedura o un cambio de conducta inusual en tu mascota no dudes en acudir a tu veterniario para adoptar las medidas pertinentes en beneficio de su calidad de vida.

La rabia se contagia a través de la saliva, produciéndose de forma excesiva una vez superada la fase de incubación que suele oscilar entre las 3 y las 8 semanas. ¿Sabes que el virus sigue latente en las carcasas del perro hasta 24 horas después de haber fallecido?

La forma de contagio más recurrente es la mordedura de otro perro o de un mamífero silvestre como, por ejemplo, un mapache.

El lamido de una herida abierta o el arañazo en las mucosas son otras de las posibles vías de contagio, aunque resultan algo menos habituales.

En este sentido, cabe señalar que el contacto directo con la piel sin heridas, la sangre, la orina o las heces de un animal contagiado no constituye riesgo de enfermar, salvo en el caso del murciélago.

Tras el periodo de incubación existen 3 fases claramente diferenciadas en cuanto a los síntomas de la rabia. Las abordamos a continuación.

perro rabioso

La fase prodrómica

Esta primera etapa puede persistir hasta por 3 días y comporta una clara transformación en la conducta del can. Si de costumbre es un perro cariñoso se tornará en asustadizo y huidizo. Si, por el contrario, habitualmente es un perro agresivo se convertirá en extrañamente cariñoso.

Otras de las posibles manifestaciones de esta primera fase son:

  • La fiebre
  • Vómitos
  • Diarrea
  • Escalofríos
  • Inapetencia
  • Fobia a la luz (fotofobia)
  • Fobia al agua (hidrofobia)

La fase furiosa

Como intuyes, esta segunda fase es la más conocida de la rabia, aunque no todos los perros enfermos deben acusarla.

Su duración puede oscilar entre 1 día y 1 semana, siendo la hiperactividad, la inquietud y la agresividad las señas más evidentes. El perro lo morderá todo y a todos a los que encuentre a su paso.

La desorientación y las convulsiones también forman parte de esta etapa, en la que el 99 % de los cánidos enfermos acaban falleciendo.

La fase paralítica

La tercera etapa suele comprender la parálisis desde las patas traseras hasta el cuello y la cabeza, sumiendo al perro en un profundo coma. El desenlace es faltal como consecuencia de la insuficiencia cardíaca y respiratoria.

Una vez afectado el sistema nervioso central la muerte tendrá lugar en un periodo de entre 7 y 10 días.

La dificultad para tragar y la espuma blanca en la boca son otras de las señales más características de esta fase.

¿Cómo podemos prevenir la rabia?

La vacunación constituye el recurso más efectivo para mantener alejado el contagio. Suele recomendarse una primera dosis a las 16 semanas de vida (3 meses) del cachorro, para pasar después a una dosis de recuerdo anual. Sin embargo, el veterinario sabrá recomendarte con qué frecuencia debes aplicarla.

En caso de que tu perro se haya peleado con otro y le haya mordido debes actuar con rapidez. Una vez hallada la mordedura, debes lavarla con agua y jabón y acudir al veterinario para que le administre la vacuna antirrábica.

Si detectas un cambio de comportamiento extraño en tu mascota también deberás acudir con celeridad a la consulta de tu veterinario.

En España existe un protocolo de actuación para los posibles casos de contagio. Consta de un primer periodo de 14 días en el que se mantendrá al perro en cuarentena con el fin de observar su evolución.

Superada esta fase, se procederá al análisis seriológico o epimediológico mediante pruebas como la de la reacción en cadena de la polimerasa.
Una vez fallecido el can se le practicará la tinción directa de los anticuerpos fluorescentes.

En definitiva, la rabia es una cruel enfermedad que obliga a mantener todas las precauciones, especialmente en lo que al calendario vacunal se refiere.